viernes, 22 de abril de 2011

¿Cómo se crearon los comandos?

Esos famosos soldados que trabajaban tras la línea enemiga tienen su origen en la Segunda Guerra Mundial. Ésta es su historia:


En junio de 1940, cuando en las playas de Dunkerke, lo que quedaba del ejército británico escapó a duras penas de la aniquilación a manos de la victoriosa Wehrmacht alemana, surgió la idea de una casta de hombres combativos que combinarían las tácticas y el ingenio de las guerrillas españolas en la Guerra de la Independencia con el entrenamiento y la disciplina de soldados profesionales.

La mezcla estaba destinada a producir una élite militar:
Los Comandos.
El ejemplo de los comandos británicos dio origen a otros grupos parecidos con nombre propio, como los Rangers norteamericanos o las Compañías Independientes Australianas. También en el lado alemán estaban los “Brandemburgueses” (llamados así por la ciudad en que se habían entrenado) que operaban detrás de las líneas soviéticas.


Los miembros de los comandos casi siempre eran voluntarios. Se trataba de hombres románticos, independientes, a menudo fanáticos, a veces excéntricos, ocasionalmente suicidas, pero todos ellos con una excepcional preparación y entrenamiento.


El estado mayor de Mountbatten (Jefe de Operaciones Conjuntas) estableció un Centro de Entrenamiento Comando Básico en Achnacarry (Escocia).

Allí se ideó un durísimo curso de 12 semanas del que debían salir graduados autosuficientes, capaces de disparar un arma con precisión absoluta mientras corrían, matar silenciosamente con un cuchillo o un garrote, trepar montañas y cruzar ríos con un trozo de cuerda, o marchar 25 Kilómetros en dos horas y 15 minutos.
Su codiciado distintivo era una boina verde.


A los que los nervios o los músculos no les permitían pasar esas pruebas eran enviados de vuelta a sus unidades.

El entrenamiento era extremadamente realista; en muchos ejercicios se usaba munición real (durante la guerra murieron 40 reclutas en Achnacarry).

Los comandos iban cargados de armas, municiones de repuesto y explosivos, pero sin víveres, utensilios de cocina o tienda de campaña. Durante el entrenamiento aprendían a vivir de la tierra y mezclarse con ella, buscando refugio bajo ramas y matorrales y obteniendo comida.

Un carnicero enseñaba a los aprendices a despellejar los animales cazados y a cocinarlos sobre fuegos que producían poco humo (así no delataría sus posiciones).


Los comandos dependían de la velocidad, la sorpresa y su destreza para aplastar al enemigo.

Deberían ser capaces de disparar desde cualquier posición y dar en el blanco.

Aprendían a matar con una vuelta de cuerda o de una sola cuchillada y, si era necesario, con las botas o con sus propias manos.

Varias veces a la semana realizaban “marchas de velocidad” campo a través de más de 30 kilómetros, a un ritmo de casi 11 km por hora, dos veces más que el ritmo de la infantería, de 5 km por hora.

En otros ejercicios remaban atravesando un lago y atacaban una playa defendida con fuego real.

A menudo las balas astillaban los remos, y los explosivos ocultos rociaban a los hombres con agua y barro.

También practicaban asaltos y desembarcos entre las olas y las rocas de la costa británica.


El duro entrenamiento dio sus frutos: a medida que el ímpetu de la guerra cambiaba a favor de los Aliados, se fue ampliando el papel que estos grupos desempeñaban, ataques relámpago sobre puestos costeros avanzados, incursiones de “carnicería y cerrojo”, sabotaje, entrenamiento de la resistencia……los grupos comando siempre estaban en la vanguardia del ataque.



Visto y copiado de la Aldea Irreductible.

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