lunes, 7 de mayo de 2018

¿Habrá trabajo con tanta IA?

Tras imaginar que pudiésemos comprar muchas más cosas, ahora imagina un abaratamiento generalizado de las cosas ante un aumento de la automotización y la robotización de los procesos productivos, el resultado será similar, teóricamente, cosas más baratas para todos. La realidad es que no va a ser tan igual.

Los optimistas dirán que vendrán nuevos empleos de valor añadido que sustituirán a esos empleos repetitivos y anodinos que nadie quiere hacer, que la anterior revolución industrial no provocó un paro generalizado, que ahora trabajando hombres y mujeres sigue habiendo bastante empleo, etc.

Bueno, lo primero hay que dejar claro porqué la premisa anterior no es válida para la situación actual. La tecnología nunca ha creado, ni de cerca, los mismos puestos de trabajo que ha destruido. Es obvio que el tractor creó un par de oficios nuevos, conductor, mecánico y fabricante de tractores, que no existía, pero la cantidad de estos empleos era muy, muy inferior a la de los jornaleros que sustituyó el tractor. Sin embargo lo que no se puede negar es que la cantidad de empleo antes y después de la llegada del tractor era muy parecida. El número de puestos de trabajo se mantuvo y esos puestos de trabajo hicieron uso de esa nueva tecnología, pero eso no quiere decir que la causa de esos nuevos puestos fuera la tecnología, de la misma manera que el hecho de que yo esté escribiendo esto en un ordenador y no en una máquina de escribir no es la causa de que lo esté escribiendo.

Entonces, ¿por qué no tienen razón los optimistas? Porque hay un importante ingrediente en esa receta que mantuvo los puestos de empleo: todo ese capital liberado al reducirse la necesidad de sueldos de trabajadores agrícolas fue a parar a otras actividades locales, se liberó capital (de los sueldos ahorrados) y fuerza laboral (de los jornaleros que tuvieron que reciclarse).

Afortunadamente las concentraciones de trabajadores en fábricas permitieron la organización de los trabajadores en grandes sindicatos, junto a la necesidad cada vez mayor de un trabajador educado que pueda manejar nueva tecnología y el miedo a repetirse otra Rusia, forzaron un poco de justicia en el trato y un pacto social, que al menos hiciera aumentar los sueldos y así la demanda de los bienes de los trabajadores, con el consecuente reparto de las rentas liberadas de los terratenientes.

Esta mano de obra mejoró sustancialmente sus condiciones y se convirtió en un valor que podía servir como aval a un préstamo. Fue así como el crédito saltó esa barrera de los propietarios y llegó a los trabajadores. Gracias al crédito ahora un trabajador se podía comprar un coche o una casa, pero gracias a esto también podía comprar una licencia de taxi, montar una peluquería o una academia.

Hasta ese momento la mayor parte del flujo del dinero siempre había dado vueltas entre la sociedad de base y la sociedad rica propietaria, pero ahora esa sociedad de base empezaba a ser también un poco propietaria y el dinero habría nuevos flujos y caminos a través de ella. La frontera entre las dos sociedades se estaba volviendo difusa y los caminos del dinero se diversificaban. De repente el dinero pasaba por gimnasios, sastres, médicos, fotógrafos, criadores de perros, señoras de la limpieza, etc. que tenían por clientes a otras personas dentro de la sociedad de base y no a ricos.

Ese acceso al dinero, por créditos o sueldos industriales, permitió esa proliferación de pequeños negocios (o emprendedores como dirían ahora), no fue la tecnología.

El problema es que los créditos hay que devolverlos. Normalmente eso no es un problema ya que el flujo de concesión de créditos se mantiene, así que aunque unos se devuelvan otros nuevos aparecen, lo que pasa es que cada cierto tiempo la avaricia toma el control, los créditos se dan para especular y no para crear riqueza. Si compras algo por un valor y lo vendes más caro sin ofrecer ningún servicio ni valor añadido a lo que estás vendiendo solo estás robando valor al dinero de todos los demás. A esto lo llaman burbuja y cada cierto tiempo explota, los bancos se asustan y dejan de dar nuevos créditos. El dinero empieza a desaparecer de la sociedad y ya no hay dinero para todos, y negocios que eran rentables dejan de serlo.

Normalmente cuando pasaba esto los bancos centrales salían al rescate emitiendo dinero y convirtiendo el dinero ficticio de los bancos en real hasta que todo se normalizaba y el crédito volvía a fluir. A parte de esto hacia la sociedad de base fluía una cantidad muy grande de dinero en forma de sueldos, los más ricos necesitaban de esa sociedad para producir la riqueza que luego les vendían y gracias a eso el tejido económico creado en épocas de bonanza se mantenía. Hay que decir que como hemos dicho antes la lógica de la empresa es inmediata y competitiva, nunca social. Aunque un empresario aislado tuviera cierta conciencia social la lógica del mercado le impediría ser relevante. Así, ese flujo no llegaba a la sociedad de base por ningún tipo de estrategia económica, sino por obligación (impuestos y regulaciones).

Algunos gobiernos sí ponían en marcha ciertas estrategias para mantener el flujo económico hacia la sociedad de base y de esta manera impedir que esta se quedara sin dinero. Cobraban impuestos a los ricos para construir grandes obras públicas en las que trabajaban miles de personas, que cobraban miles de sueldos. Esto cumplía tres funciones: primero, significaba una inyección de dinero directo en esa sociedad de base. Segundo, al aumentar la oferta de trabajo mantenía un equilibrio entre la oferta y la demanda de empleo haciendo que los que todavía mantenían el trabajo lo hicieran en unas condiciones adecuadas y tercero, eso devolvía la solvencia a los asalariados, aumentaba la confianza y conseguía que el crédito volviera a fluir.

Y así llegamos a los años 90 y a la primera década del siglo XXI, la que podría ser la cumbre de la expansión económica de la sociedad de base. A mediados de los años 90 el abaratamiento del transporte provoca una fuga de la mayoría del tejido industrial hacia otras zonas deprimidas del mundo para abaratar los costes de producción. Industrias enteras como el textil, electrónica de consumo, jugueteras, etc. desaparecen de nuestra sociedad, millones de trabajos se evaporan y sin embargo superamos ese estadio sin dificultad. La economía de la sociedad de base es fuerte y el crédito fluye sin control llenando la sociedad de dinero. Mucho de este dinero crea riqueza, tanta que puede absorber durante muchos años que la mayoría de este crédito fluya hacia la especulación.

Hasta el año 2008 en que todo explota. La sociedad de base, está compuesta por la mayoría de la sociedad y consume la mayor parte del dinero que produce en existir de la mejor manera que puede. La otra produce un superávit muy grande de dinero que puede poner a trabajar y a producir dinero por su cuenta. Este dinero se utiliza fundamentalmente para crear más dinero y no para vivir y al no ser consumido por el quehacer cotidiano tiene la capacidad de crecer de forma exponencial. Simplificando diríamos que están los que les sobra el dinero y los que no. Los ricos y los otros, la sociedad de base. Es a mi entender importante esta diferenciación porque la capacidad para extraer dinero de la sociedad y movilizarlo del grupo de los ricos es tan grande que pese a ser casi despreciable en lo concerniente a su número su capacidad para incidir en la sociedad es muy relevante.
Los comportamientos de ambas sociedades son muy diferenciados, su análisis es imprescindible para entender lo sucedido. Además, hay que tener en cuenta que la sociedad de los ricos tiende ha separarse de la sociedad de base y a tener sus propios circuitos de dinero muy diferenciados del resto.

Ahora, tras este larga explicación, vamos a analizar que ha cambiado en esta situación y por qué creo que lo que ha sucedido hasta ahora no volverá a suceder. Lo primero que hay que comprender es que cuando una persona invierte dinero para hacer más dinero este dinero tiene tres caminos, la rentabilización de un bien, la rentabilización de la mano de obra y la especulación pura y dura. Normalmente se habla de rentas del capital, como si todos los capitales y lo que se hace con ellos tuvieran el mismo efecto sobre la sociedad.
  • La rentabilización de un bien sería el que tiene casas, por ejemplo, y las alquila. 
  • La rentabilización de la mano de obra sería el que posee una infraestructura con capacidad para poner a trabajar a personas y obtener beneficios de su trabajo, por ejemplo el que tiene una constructora y construye casas. 
  • El especulador puro y duro es el que compra y vende, pero no produce nada ni ofrece nada a la sociedad, por ejemplo, el que compra casas y las mantiene cerradas un tiempo esperando a que suban de precio para venderlas. 
El primer caso, el que rentabiliza una riqueza de forma aislada pone a disposición social un bien del que obtiene unos réditos, pero el dinero sobrante que se puede obtener de esto no tiene un retorno en forma de sueldos a la sociedad de base, pero si lo tiene como consumo dependiendo de la escala. La escala es muy importante en los tres casos.

Pondré un ejemplo: si alguien tiene tres casas en alquiler que le proporcionan dos mil euros al mes estos dos mil euros con toda probabilidad nunca saldrán de la sociedad de base pese a no generar ningún salario. El que los cobra los gastará en su entorno inmediato y dentro de la sociedad que le envuelve. De tal manera que esos euros seguirán moviéndose y creando economía dentro de la sociedad de base, es decir puestos de trabajo. En cambio si alguien tiene treinta casas y cobra cada mes veinte mil euros lo más probable es que ese dinero se desplace directamente a ese rincón donde habitan los ricos y tome ese circuito muy pequeño y aislado en el que circula mucho dinero, pero al que muy pocos tienen acceso. Lo mismo se podría decir del segundo caso, una constructora con cinco trabajadores construye casas. El dueño posee unos bienes que rentabiliza dentro de una infraestructura que cuenta con cinco empleados. De todo esto obtiene una rentabilidad. Entre sus gastos habrá cinco sueldos, de tal manera que una cantidad importante de dinero se pondrá en movimiento en la sociedad creando riqueza. El que compra la casa habrá pedido un crédito en base a un trabajo fijo que tiene y al valor de la futura casa, esto supondrá la creación por parte del banco de una cantidad determinada de dinero que no existía antes y que en su mayor parte irá a parar a manos del constructor. Este a su vez repartirá el dinero entre sus proveedores y sus trabajadores quedándose una parte. Pero y si la constructora es una multinacional. El dueño ya no vivirá en nuestro pueblo, lo más probable es que sea una sociedad de inversores que cobren muy lejos del lugar donde los empleados ejecutan el trabajo.

Igual que explicaba antes con el propietario de tres o de treinta casas, la escala es fundamental para que el dinero se quede en la sociedad de base o se vaya hacia esa minoría rica. Es necesario entender que la constructora rentabiliza unos bienes y una mano de obra. Los bienes son en una empresa útiles de trabajo, desde el local donde se almacena lo necesario para trabajar hasta el camión o las herramientas. Esto es muy importante porque a medida que la tecnología avanza una empresa va sustituyendo sueldos por bienes rentabilizables.

Nuestra sociedad ha llegado a un estadio en que el bien industrial ha tocado techo, por saturación del mercado o por simple sentido común ecológico ya no se puede aumentar más la producción de bienes industriales.

El crecimiento económico se dirige hacia el sector de servicios, información y tecnología que son sectores que requieren muy poca mano de obra, Twitter o WhatsApp pese a dar servicio a miles de millones de personas ni siquiera superan los doscientos trabajadores.
En estos momentos los que quieren hacer más dinero con el dinero que les sobra invirtiendo en los viejos sectores cada vez necesitan menos del trabajador. La inversión en herramientas e infraestructura es cada vez más alta respecto a la mano de obra. Y si tienes acceso a grandes créditos puedes obtener una tecnología con la que las empresas más pequeñas dentro de la economía de base no pueden competir. Eso impide la circulación del dinero de la sociedad de ricos a la sociedad de base, no solo por la disminución de sueldos, sino por lo que explicaba antes de la escala. Cuando las empresas son muy grandes los beneficios se quedan lejos de la economía de base.

Hoy los beneficios que produce la tecnología ya no se convierten en dinero para asalariados que den solvencia y permita un crecimiento y una expansión económica de la economía de base. Las viejas estrategias de los gobiernos de invertir en obra pública ya no funcionan. Antiguamente la construcción de una autopista implicaba a miles de personas. Hoy todos hemos visto las obras de una autopista o carretera y hemos podido comprobar a simple vista la poca gente que trabaja en ellas. Sí, en cambio, vemos grandes máquinas que son en realidad bienes rentabilizables por los ricos. Hoy hacer una autopista, lejos de suponer un trasvase muy grande de dinero desde la zona rica hacia la sociedad de base es simplemente otra manera de enriquecer a los que ya tienen mucho.

La fuga del tejido industrial a países más económicos y la tecnología ha reducido considerablemente las grandes masas de asalariados y los ha fraccionado en empresas más pequeñas, reduciendo con esto el poder de la negociación colectiva, y la amenaza del paro reduce también la individual. Esto rebaja todavía más la participación de los trabajadores en los beneficios y reduce, por tanto, el flujo de renta que estos pueden meter en la sociedad de base y, en consecuencia, su solvencia para conseguir crédito, es decir dinero nuevo.

Además la tecnología ha permitido una financiarización de la economía y la creación de una infinidad de mecanismos financieros que hacen la especulación muy rentable hasta el punto que incluso la capitalización de los procesos productivos, léase inversión en bolsa, por ejemplo, se produce en la mayoría de los casos con objetivos especulativos. Hemos convertido nuestra economía en una especie de casino gigante global.

Una manera de solucionarlo sería crear más dinero en forma de crédito e introducirlo en la sociedad de base de forma dirigida. Pero el dinero y su creación no está en manos de los políticos que acaban danzando al dictamen de los banqueros que son quienes realmente deciden. La economía de la sociedad de base tuvo su expansión fruto de circunstancias históricas totalmente casuales y no por ningún tipo de estrategia ni intención. Hoy las únicas estrategias posibles pasan por el aumento de impuestos sobre los beneficios sobrantes para meterlos en la sociedad de base en forma de becas, renta básica, subvenciones y gasto social ya que es este el único margen de movimiento que tiene un gobierno y sólo si el gobierno del país del al lado lo hace también, si no las empresas se irán. La sociedad debería hacerse con el control del dinero y elaborar estrategias efectivas para expansionarlo en la dirección adecuada. El crédito es una forma muy efectiva de crear dinero siempre y cuando sea dirigido de forma estratégica a la expansión económica y no fluya nunca hacia la especulación. También es importante que la cantidad de dinero en la sociedad sea la adecuada para mantener una inflación controlada. Esto en el estadio actual de la economía mundial es mucho más utópico que cualquier renta básica.

La creación de dinero y su control no depende de ninguna decisión tomada por nadie ni en ningún sitio. Es el resultado de la suma de circunstancias, egos y avaricias individuales que aunque puedan parecer decisiones de algunos políticos o grupos concretos no dejan de ser solo el resultado de las sinergias que les empujan y obligan en función de ambiciones y supervivencias. En el estadio actual una apuesta por la renta básica y un gasto social es mucho más posible y efectivo para superar la crisis en la que estamos que enfrentarnos desde nuestras fraccionadas sociedades al poder financiero global. No le echemos la culpa a las máquinas ni a la tecnología del futuro de precariedad al que nos acercamos. La capacidad de los humanos para ocuparse y encontrar la manera de ser útiles a los demás es infinita. No existe un paradigma en el que las personas se queden sentadas mirando el cielo porque las máquinas lo hacen todo y ya no tenemos nada que hacer, lo único que necesitamos para seguir teniendo trabajo es un marco social y económico que nos lo permita. Si nos quedamos sin trabajo no es culpa de las máquinas, es culpa de los bancos y sobre todo de nuestros políticos.

Parcialmente adaptado de un artículo de Vicens Jordana.

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